– Gracias por tu ayuda.
– De nada, para eso estoy aquí.
– Ciertamente he notado mi progreso.
– Ahora no te confíes, has trepado mucho pero eres todavía muy débil y la caída sería muy dolorosa. Sigue mis consejos, cuando hayas aprendido todo lo necesario podrás hacerlo.
– Entonces, te iras?
– No, yo seguiré aquí por siempre. Pero cuando sepas lo suficiente, tu pasaras a ser mi “maestro”.
– ¿Por siempre? ¿Hasta mi muerte?
– No, mucho más aún.
Toda la eternidad
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