Vacío y sólo, voy caminando. Ya no hay lágrimas ni dolor, solo vacío, solo hambre. Hambre de tí, ganas de comerme tu piel a tiras, beber de tus piernas y besar tus ojos. Quiero devorar, con una mirada, cada uno de los suaves rincones de tu cuerpo. Y que me comas a mi, que muerdas mis labios y sacies tu apetito con caricias. Porque vuelvo a tener hambre, deseando cenarte otra vez, para despertar y dejarme morir en el desayuno. Poder cenar de tu corazón, calmando así el estomago de mi alma.
Pero sigo hambriento, desfalleciendo y desnutrido, con ganas de comer amor y alimentarte de él. Con sed del cariño, que simpre te ofrecí para beber y del cual nunca he podido beber. Se hace difícil seguir, porque todavía tengo hambre…
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